Sábado, Abril 19, 2008 4:00 pm

Dar lo que tengo, todo me da

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Después de casi un mes de no hacer visita a los niños en el hospital, porque se atravesaron las vacaciones de Semana Santa y otros eventos ¡¡¡Por fin llego el día!!! ¡¡¡Hoy iremos al IMSS!!!

Las doctoras Chitona Cachetona, Cometa, Chiquis, Reyna, NiFúNiFá y Ye-Yé, a bordo de la ambulancha y luego de un viaje musical, a ritmo de “racatacapum, racatacapum, racatacapum, pum, pum, pum, pum…”, llegamos al hospital. Inmediatamente, una enfermera nos pidió que pasáramos primero a Urgencias, porque había muchos niños. Raudas y veloces entramos sigilosas adonde los niños con carita de susto esperaban su auscultación. Al vernos llegar, del temor pasaron al asombro, e incrédulos nos miraron. Supongo que era sorprendente ver a cinco bellas damas de bata blanca con unas grandes, coloradas y redondotas narices. En fin, empezamos a trabajar.

Yo, la Dra. Ye-Yé, me uní a la Dra. NiFúNiFá, quien estaba descubriendo en las radiografías de Gerardo nuestro primer paciente, cuál era su diagnóstico: “se había comido un elefante y una jirafa acompañados de unas deliciosas y crujientes cucarachas al mojo de ajo”. La mamá de Gerardo, apenada, reconoció haber cocinado eso y prometió no hacerlo más. Por último, cuando estábamos recomendando a Gerardo que cantara la canción de “cien elefantes se columpiaban sobre la tela de una araña…”, de repente, le dieron ganas de satisfacer las necesidades fisiológicas de su cuerpo, a fin de sacar a pasear al elefante —je, je, je, ¿ustedes me entienden, verdad?— La pícara sonrisa de Gerardo ante tal ocurrencia fue el primer regalo de esta visita. ¡Gracias!

Luego de terminar el recorrido en Urgencias, subimos a Pediatría, donde la señorita Jefa de Enfermeras, con toda la razón que su reclamo tenía, nos pidió que no nos ausentáramos más. ¡Nos extrañaron mucho! Apenadas por el reproche, pero al mismo tiempo emocionadas de volver, nos aprestamos a cantar: “El cien pies es un bicho muy raro, parecen ser muchos bichos atados…” Con la chispita de nuestras miradas íbamos recorriendo el pasillo, una detrás de otra, en formación de trenecito. Íbamos mirando de reojo a través de las ventanas a los curiosos niños y niñas, que tímidamente, ya sonreían para nosotros.

Terminamos de cantar y rompimos filas. Fue así como conocí a un bebé de sólo cuatro meses, que al mirarme comenzó a reír. Su carita sonriente y sorprendida, ante mi carota llena de intermitentes muecas y parpadeos, fue el segundo regalo que me dieron. Gracias.

Luego de mirar a mí alrededor, noté que las doctoras habían organizado El Súper Show Musical de Pediatría, estaban en el área de televisión con los niños que afortunadamente podían salir de sus camas y dar un paseo. El primer y único participante fue el famosísimo Noeciño, papá de Montse, quien nos pidió apoyo vocal y coreográfico a todas las doctoras —y a nosotras que no nos gusta, ¿verdad?— Así que, Noeciño cantó el “¿Guasha, Guasha, Guasha?”, y el público infantil rompió en aplausos, aún cuando Manuel tenía enyesado uno de sus bracitos y los demás pequeños presentes tenían puesto en una de sus manitas el obligadísimo suero. En fin, más regalos en este día.

Finalmente, la Emergencia de Piojos se hizo presente y hubo que atenderla. Tuvimos que irnos, no sin antes despedirnos de los que nos recibieron con tantas ganas y regalos inesperados para nosotras.

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